“Uno de los nuestros”

5 06 2007

Acaba de terminar en Antena 3, dentro del especial informativo que ha dedicado al 30º aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, un magnífico reportaje sobre la figura política de Adolfo Suárez.

Cuando vi anunciada la emisión, me alegré enormemente de la oportunidad de tal reportaje, sobre todo porque pocos días antes había leído que la cada vez más patética Tele 5 había programado para esta misma semana un especial de “Hormigas Blancas” dedicado igualmente al ex-Presidente del Gobierno, si bien como no podía ser de otra forma, el enfoque que se daría en ese programa sería bien distinto. Fue tal el cabreo que me entró solo de imaginar el programita de marras, otras veces centrado en personajes tan lamentables como Isabel Pantoja o Norma Duval, analizando la vida de un político de la talla de Adolfo Suárez, bajo la batuta del imbécil de Jorge Javier Vázquez, que tomé la firme decisión de no volver a dedicar ni un minuto más de mi tiempo a ver Tele 5 (sine die).

En este sentido, la decisión de Antena 3 de emitir el reportaje sobre Adolfo Suárez, bien se tomase por meras razones de contraprogramación, bien se adoptase por la noble razón de ensalzar su histórica figura, me reconfortó.

Y es que me he de reconocer abierta y expresamente ferviente seguidor de los documentales y reportajes sobre la Transición, y todo lo que con ella tenga que ver. Me encanta sumergirme durante el tiempo que dure el programa en ese ambiente de tensa esperanza que envolvió aquella época. Los primeros minutos de metraje, teñidos de tonos azules y grisáceos, de miradas iracundas que agonizaban ocultas tras unas pavorosas gafas de sol que, a su vez, descansaban sobre unas narices que indefectiblemente tenían fin en esos ridículos bigotillos que venían de serie en tantos y tantos españolitos nostálgicos. Disfruto como un enano mientras los locutores me cuentan cómo, entre las nubes de brazos en alto, algunos valientes se atrevían a cerrar el puño, acabando con la rigidez de los dedos cara al sol.

Me reconcilia con el género humano (e ibérico) comprobar cómo en apenas un año desde la muerte de Franco se aprobó el Proyecto de Reforma Política y se llegó a legalizar al PCE. Y todo ello de forma progresiva, no lesiva, ejemplar, al calor de eternas reuniones cuasiclandestinas, celebradas en casas de campo situadas a las afueras de Madrid, mientras de desviaba la atención pública organizando nosequé acto en la otra punta del país. Me lo paso pipa viendo, en imágenes de archivo o actuales, a verdaderos animales políticos como Felipe González, Solé Tura, Jordi Pujol, Miquel Roca o Santiago Carrillo, hablando de cómo se organizaban y desarrollaban esas reuniones secretas, esos debates constituyentes, entre cartones de ducados y litros de café.

Es un lujo sentarte delante de la tele y que Carrillo te explique a sus 92 años,alternando imágenes de archivo de Adolfo Suárez contando lo mismo desde su punto de vista, cómo fue la reunión ultrasecreta que mantuvieron los dos, y en la que se ultimó la legalización del PCE, con negociaciones acerca de los cambios que se debían introducir en los Estatutos del partido para que la legalización fuese un hecho.

Adoro ver las imágenes de la vuelta de Tarradellas, las lágrimas de La Pasionaria, escuchar aquello de “tenemos que ser socialistas antes que marxistas”… con el tonillo de “sin ira, libertad” como banda sonora.

Las tensiones militares, Atocha, los espeluznantes gritos de traidor lanzados a Suárez por las masas franquistas tras legalizar al PCE, acompañados de proclamas como “Suárez, atiende, España no se vende” (¿de qué me suena a mí ésto…?), las tropecientasmil medallas en el uniforme del Rey el 23-F en su discurso televisado, un país pegado a un transistor.

Ver estos programas sobre la Transición también me provoca nostalgia, una cierta envidia sana hacia la generación de mis padres, que las pasó canutas creciendo en una sociedad completamente enclaustrada, pero que vivió una de las épocas más hermosas de la historia de este país. Es curioso cómo alguien puede sentir cierta nostalgia de algo que no ha vivido, o al menos no lo ha hecho de forma totalmente consciente siendo un crío, pero es así, esa nostalgia está ahí, supongo que empapada a través de lo que yo podía captar o sentir, aunque no entender. Dicen que los niños son los mejores psicólogos que hay, así que imagino que toda esa feliz esperanza tensa que rebosaban mis padres y los suyos por aquel entonces debían percibirla mis infantiles sensores como si de una señal amplificada se tratase. Yo no entendí la Transición en su tiempo, pero sí la viví, y supongo que ese poso sale a flote cada vez que escucho, veo o leo algo que me hace entender esa vivencia.

Por eso, si por algo me gusta ver reportajes sobre esa época es fundamentalmente por la maravillosa sensación de paz que me produce. Una paz que nace del brillo de complicidad y orgullo que se percibe en la mirada de seres tan dispares en sus colores, como iguales en su entendimiento de la política como el instrumento para hacer real la utopía, como los antes dichos Pujol, Solé Tura, González, Suárez, entre tantos y tantos, cuando relatan sus recuerdos de la Transición.

La idea, en resumen, sería que ver esos programas me envuelve durante su emisión en una especie de paz nostálgica, más aún teniendo en cuenta los tiempos que vivimos, de crispación, de falta absoluta de estadistas, de prevalentes intereses partidarios y partidistas.

Por eso, saber como supe en su momento que Antena 3 iba a dedicar buena parte de su especial 30º aniversario de aquellas elecciones a la figura de Adolfo Suárez me alegró. En primer lugar por el personaje, uno de los más importantes de la historia de España, y que quizás nunca ha recibido el merecido reconocimiento en este país. Y en segundo lugar por la persona, que no merecía en una semana ser objeto de pseudoperiodismo en Tele 5, sin la oportuna réplica en otra cadena.

Me quedo con dos momentos del documental: Uno cuando Santiago Carrillo, narrando esa reunión clandestina previa a la legalización del PCE, ha comentado que al final de la cita, cuando Adolfo Suárez le hablaba de los antecedentes republicanos de su familia, con parientes muy próximos encarcelados por el franquismo, y salvados prácticamente del fusilamiento, no pudo evitar quedárselo mirando y pensar “parece uno de los nuestros”.

El otro, el vídeo de la entrega del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1996, que le fue concedido. Concretamente, la imagen de Adolfo Suárez, solo en el plano, sentado mientras se leía su nombre como premiado. Ya no era la imagen agresiva de ese político carismático y seductor, al que adoraba la cámara, sino la de un hombre que lo ha dado todo, exhausto pero tranquilo, perdido en sus pensamientos, con ese aire desvalido que tiene todo aquel que hace tiempo bajó la tensa guardia y no tiene reparos en mostrase así, simplemente pensando en sus cosas. Y ha sido en ese momento en el que he roto a llorar, cuando la soledad del político que fue, presente en todo el reportaje, ha dado paso a la soledad de la persona que sigue siendo, con las pérdidas de su mujer, de su hija mayor, y de su amigo íntimo Gutiérrez-Mellado, pocos años antes de que su mente virase definitivamente hacia quién sabe dónde.


Acciones

Information

5 responses

6 06 2007
Martina

su mente viró hacia el olvido…

6 06 2007
querida_enemiga

Tuve el placer de ver anoche el documental de Antena3. Y no quise quedarme después a ver el Hormigas Blancas porque ya me avisaron que iban hasta a sacarle amantes y demás… en su línea habitual patética de programa de TV vulgar y cutre. Hoy, consultando las audiencias, veo que Hormigas Blancas le sacó 10 puntos al especial de Antena3. Se nota qué perspectiva es la que triunfa en este país. Me ha picado la curiosidad y veré el Hormigas cuando lo cuelguen en Emule… espero no arrepentirme de ello.

Saludos de otra apasionada de ese período histórico tan intenso e interesante.

6 06 2007
mamipatatil

A mi ademas de todas las reflexiones que cuentas en un ladrillazo muy ameno, tambien comentar la penita que me dan estos programas y es que imagino que a Suarez le queda muy poquito de vida.

6 06 2007
Aurë

Bienvenida, querida enemiga y gracias por comentar. Espero conseguir captarte como contertulia habitual. Ahora bucearé un poco en tu blog, que seguro me gusta. De entrada, ya he visto que tenemos gustos musicales parecidos.

Lo de Hormigas Blancas es vomitivo.

6 06 2007
Aurë

Por cierto, me acaba de decir M. que el próximo Hormigas Blancas es sobre Franco.

Como sigan con ese ritmo de retroacción, me veo en septiembre un especial sobre Don Pelayo y sus amoríos en el exilio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: