Yes, you can (but only if you want)

7 11 2008

En la entrada anterior resalté el lado más hermoso de la victoria de Obama. Hoy me encontrado en el diario Información de Alicante con la cruz de la moneda. Una cruz maravillosamente escrita por Juanjo Millás desde la crudeza de un punto de vista olvidado por muchos pero impresncindible como prisma que nos mantenga con los pies en el suelo.

“Yo estoy en Guantánamo, soy uno de esos esclavos de uniforme naranja a los que las autoridades norteamericanas torturan de forma concienzuda. He conservado la razón de milagro, aunque tengo problemas de orientación espacial y he perdido oído. Ayer mismo, mientras la gente votaba en EE UU, un soldado meaba sobre mi cabeza mientras yo permanecía arrodillado y lleno de cadenas. Las cadenas son simbólicas, puesto que he perdido el 60% de mi masa muscular. Me arrastran ellas a mí, no yo a ellas. Me preguntan por mi opinión sobre la victoria de Obama. Un soldado negro con aficiones periodísticas quiere saber cómo se ve todo eso desde mi jaula. Le pregunto cuántas veces ha hablado Obama de Guantánamo en sus discursos y dice que pocas, y jamás para prometer que acabaría con tal ignominia a las 24 horas de llegar al poder. ¿Qué quieres que te diga?, le digo al soldado negro (y pobre por cierto). Quiero que me digas, dice él, que es un cambio histórico. Pues es un cambio histórico, repito dócilmente, arrancándome una pústula de la cabeza.


Yo estoy en una prisión secreta de los EE UU. Me trajeron aquí en un avión, tras haberme raptado al salir de casa. Ignoro si estoy en África o en Asia. Me han violado siete veces. De vez en cuando entra un militar que hace de hombre bueno y charla conmigo. Me ha contado lo de Obama, dice que es un cambio histórico. ¿Como cuánto de histórico?, le pregunto. Muy histórico, insiste él, un giro de 360 grados. Le digo que los giros de 360 grados dejan las cosas como están, lo que parece reconfortarle. La tortura, añade, es una enfermedad crónica. No se puede eliminar. Mientras el mundo sea mundo, los gobiernos necesitarán personas como yo, y como tú, así que ponte de rodillas, que te voy a mear.


Yo estoy condenado a muerte. Me tienen en un pasillo, a dos metros de la cámara de gas, desde hace siete años. Mi carcelero quiere saber cómo se ve la victoria de Obama desde el lugar que ocupo en el mundo. Le pregunto si Obama está a favor de la pena de muerte y me dice que sí, lo que me sume en el silencio. ¿Pero no te alegras de que sea negro, como tú?, insiste el carcelero.


Yo soy la población civil iraquí, etcétera.”


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2 responses

9 11 2008
Alejandro Pumarino

La guerra, el terrorismo, tienen una cara oscura que no queremos ver. No existe solamente un Guantánamo en el planeta, hay países que son verdaderos guantánamos en su totalidad, donde no existen libertades, el hamabre es una de las principales causas de fallecimiento y los poderosos amasan fortunas que dilapidan en paraísos fiscales y de placer como Montecarlo.
Las ciudades tienen una cara oscura, barrios en los que procuras no entrar porque sientes miedo, áreas en las que el índice de delincuencia está disparado y en las que ttienes muchas más probabilidades de delinquir que si habitas en otras zonas de ese mismo municipio.
Etcétera.
Cada tres segundos y medio muere un niño de hambre en el planeta. Eso hace unos diecisiete niños por minuto, o lo que es lo mismo, más de cien cada hora. La vida de cada uno de ellos tiene tanto o más valor que la de cada uno de los reclusos de cualquier cárcel en cualquier parte del mundo, sobre todo, porque no pudieron disfrutar del derecho a vivir.
Es bonito solidarizarse con la violación de los derechos humanos que se lleva a cabo -sistemáticamente- de forma más o menos conocida, por países occidentales desde sus servicios de inteligencia, para luchar contra el terrorismo islamista o contra el espionaje prosoviético, que tanto da. Es peligroso admitirlo, pero es igualmente poco recomendable ignorar la situación de riesgo que puede vivir la sociedad como consecuencia de una actitud más permisiva por quienes vigilan la verja. ¿Recuerdan vds. la película “algunos hombres buenos”?. Jack Nicholson (tengo debilidad por él, como por SEan Penn, su presencia en la pantalla siempre es inquietante) vocifera que todos lo queremos protegiendo al país de esa frontera peligrosa y justificando el código rojo por el que un soldado perdió la vida. Hoy han muerto dos soldados españoles en Afganistán, uno de ellos era asturiano, como yo. Fueron asesinados por los talibanes, un subgrupo fanático religioso-político que puede representar un peligro potencial para una sociedad básicamente pacífica y tolerante como la nuestra. No soy partidario -ni mucho menos- de la tortura, pero desgraciadamente habremos de emplear los medios a nuestro alcance para evitar que se produzcan atentados aquí y allí; convencer a los detenidos no es una labor sencilla y seguro que en más de una ocasión pagarán justos por pecadores. Es un pecio muy alto pero inevitable, para que todos, cada mañana, podamos afeitarnos con tranquilidad frente a un espejo en el que podemos sentir asco.
Disculpen vds. la extensión.

19 02 2015
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Yes, you can (but only if you want) | La Aurelíada

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