Aberración medieval en Madrid

24 04 2008

Colérico perdido ando desde que esta mañana he escuchado en la SER la noticia de que la Comunidad de Madrid firmó en enero de este año un Convenio con los Obispos de la Diócesis de Madrid en el que se prevé que los capellanes que integran los Servicios de Asistencia Religiosa Católica (SARC) de los centros hospitalarios de la Comunidad de Madrid, no solo asistirán a aquellos pacientes que deseen recibir consejo y consuelo espiritual, y celebrarán actos de culto (como hasta ahora), sino que van a formar parte de los Comités de Ética y del Equipo Interdisciplinar de Cuidados Paliativos.

Tales Comités, hasta ahora formados íntegramente por facultativos, se encargan de decisiones tan trascendentales como dar o no sedación terminal a un enfermo, practicar un aborto en determinadas circunstancias, o decidir si se reanima o no a un bebé con malformaciones en la unidad de neonatología correspondiente. Y es en tales Comités en los que, con voz y voto, la Comunidad de Madrid ha integrado desde principios de año (el Convenio ha entrado en vigor desde el día de su firma) a los sacerdotes adscritos a los citados SARC.

Aquí os dejo el texto escaneado del citado Convenio, que se encuentra subido en la web de la Cadena SER:

O sea, que si vives en Madrid y tienes la desgracia de verte en una de las situaciones clínicas en que dichos Comités deben intervenir, seas o no católico, lo hayas pedido o no, de entrada en el Comité que decidirá sobre ti habrá (hay ya) un sacerdote que intervendrá en la toma de la decisión.

Al Consejero de Sanidad Juan José Güemes (firmante del Convenio en representación de la Comunidad), claro, le ha faltado tiempo para salir echando pestes de la SER y, si bien ha reconocido que los curas (ya) participan en los comités, ha precisado que “es falso que intervengan en ninguna decisión clínica del hospital y tampoco en los cuidados paliativos”. En dicho documento, en cambio, no se dice expresamente que intervengan desprovistos de voto, sino que se limita a estipular que intervendrán en tales Comités.

A mí ésto me parece una aberración oscurantista y medieval tan sumamente grave, obscena y vomitiva que debería dar lugar a que la gente se eche a la calle y se dirija a la Consejería de Sanidad a presentarle sus respetos pacíficamente al Sr. Güemes, a Esperanza Aguirre y al resto de sus acólitos autonómicos. Y me hace una gracia enorme que en el mencionado Convenio se haga la salvedad de que la asistencia religiosa católica se prestará con el debido respeto a la libertad religiosa y de conciencia, de conformidad con lo previsto en la Ley Orgánica 7/1980, de Libertad Religiosa. Respetarán un huevo la libertad religiosa, sí, pero de entrada ya nos han metido a los curetas en los Comités de Ética de los hospitales.

Tengo que morderme la lengua hasta hacerme sangre para no soltar las barbaridades que se me están agolpando en la cabeza desde esta mañana. Ésto es el PP. Ni facciones, ni bicefalias ni leches. Como si Rajoy se fuera a desmarcar de lo convenido por Madrid. Si cuando llegue el Congreso de mayo Esperancita no se presenta (que no lo hará), la candidatura de Rajoy aglutinará a los partidarios de aquella, y éste hará suya la política medieval y franquista de tener a la derecha del padre a los de la sotana (que por otro lado siempre ha sido suya también). Porque sin ellos no son nadie. Porque sin ellos se acabó el sillón al que aferrarse. Porque sin ellos no tendrían a los voceros de las ondas episcopales que tienen para captar voto (aunque luego alguno se arrepienta). Porque sin ellos su alma se condenaría a pudrirse en el infierno que los asesores de la moral inventaron precisamente para tenerlos bien amarrados.

Me dan asco.

EDITO para añadir que, por lo visto, ya en el anterior Convenio de 1997, firmado cuando Ruiz-Gallardón era Presidente de la Comunidad, se preveía la integración de tales sacerdotes en los citados Comités, exactamente en los mismos términos. ¿De dónde he sacado la información? De dónde va a ser: El Mundo. Tiene gracia que este diario haga especial hincapie en que precisamente fue Gallardón (y no Aguirre) quien introdujo tales prerrogativas en favor de la Iglesia Católica. ¿Que en la SER lo sacan para meterse con nuestra Esperanza? ¡Toma! Passing brown para Gallardón y ventaja al resto. Es de traca.

Al igual que ha hecho el Consejero de Sanidad en el día de hoy, en El Mundo se destaca que lo único que los sacerdotes pueden hacer en el seno de tales Comités es hacer escuchar su voz. Nada más. Y nada menos, añado yo. Porque a ver por qué narices tienen estos tipos que hacer oír su voz en Comité médico alguno. Aunque fuera como dice el Consejero, ¿por qué leches tengo yo que aguantar que en un Comité en el que se esté debatiendo sobre mi situación médica se meta un cura a decir una serie de imbecilidades que me traen al pairo, haciendo perder su tiempo a unos facultativos que son los únicos que pueden tener que decir algo al respecto? Para mí, la opinión del sacerdote del centro cuenta lo mismo que si le preguntan al charcutero de la esquina, o al kioskero de dos calles más abajo. Y, por supuesto, me deja igual saber que ésto es así por obra y gracia de Aguirre, de Gallardón o de Norma Duval. “La misma mierda son”.

Y AÑADO porque me apetece: Ya que nos ponemos, ¿¿y por qué no en cada Comité un representante islámico, otro hebreo, uno más adventista, otro tal vez protestante, uno quizás budista, otro quién sabe si evangelista, así como un ateo y un agnóstico de reconocido prestigio ambos, uno del Madrid, otro del Atleti, otro más del Getafe y un cuarto del Rayo Vallecano, un quinto del Barça para tocar los cojones, y el tío que le da cuerda al reloj de la Puerta del Sol??

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“Mariano, la niña…”

11 03 2008

Visto en el blog de Manel Fontdevila, gracias a Mamipatatil:

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El segundo debate (y las percepciones)

4 03 2008

Hoy no voy a a intentar desgranar el debate tanto como hice (o lo intenté) la semana pasada. Primero, porque sinceramente no me apetece mucho. Y segundo, porque hay otras cosas que me han llamado más la atención que el propio contenido del mismo. La impresión que fui teniendo a medida que se desarrollaba el debate ha resultado bastante diferente a lo que me he encontrado hoy en los medios de comunicación y las encuestas. Sinceramente, a mí no me dio la impresión de que Zapatero ganase de calle, ni tampoco con claridad. Más bien me pareció que la cosa acabó ligeramente decantada en favor del Presidente, con momentos en que Rajoy le puso totalmente contra las cuerdas.

Si nos atenemos a lo que se esperaba del debate (mayor contenido en propuestas que el del lunes pasado), ahí sí que vi a un Zapatero mucho más preparado que a Rajoy. En este punto le dio sopas con ondas en todos los bloques temáticos. Si, por contra, nos quedamos en la cuestión formal, mi impresión es que Rajoy le ganó la mano a Zapatero. ¿Por qué? Sencillo. A Zapatero le tocaba esta vez abrir todas las intervenciones temáticas y por esa razón debería haber llevado la iniciativa. Y no fue así. Salvo una primera intervención en que manifestó que en el debate anterior había dado cuentas de su gestión, y en el de anoche iba a hablar de propuestas, la verdad es que en cuanto Rajoy pudo llevó el encuentro a su terreno. Y le bastó bien poco. Un par de intervenciones y vuelta al pasado, a los últimos 4 años, a la inmigración, a ETA y a lo de siempre. Zapatero puso encima de la mesa propuestas sí, pero de forma un tanto caótica, no porque llevase el peso del debate. El candidado el PSOE respondía a las acusaciones de Rajoy, y de paso hablaba de propuestas, no al revés.

En líneas generales me dio la impresión de que Rajoy hizo mejor los deberes tras el anterior debate que Zapatero. Hubo más golpes de efecto, y me pareció que Rajoy los tenía mejor preparados. Ejemplos: sabía que Zapatero le iba a echar en cara las declaraciones de Elorriaga en el Financial Times, y le soltó un sopapo bien gordo leyendo el editorial del día de ese diario sobre la situación económica del país. Anduvo muy fino y rápido también cuando, tras afirmar el Presidente que iba a crear un observatorio en relación con los precios, le recordó inmediatamente que ya existe uno en el Ministerio de Agricultura. Fueron dos mandobles de envergadura.

Por su parte, Zapatero golpeó bien utilizando los datos del Informe de la ONU sobre desarrollo, en relación con la posición que ocupaba España tras los Gobiernos de González, la que ocupó tras los de Aznar, y en la que se encuentra ahora. Como efecto, probablemente con esa sola mención igualó los dos antedichos argumentos de Rajoy.

¿Por qué digo entonces que no me pareció que Zapatero brillase tanto? Sencillo también: cometió el colosal (e imperdonable) error de utilizar el número de asesinados por ETA durante los Gobiernos de Aznar cuando se vio algo acorralado por su oponente. Si utilizar el terrorismo con fines partidistas es algo que siempre he destestado del PP, con la misma razón lo detesté ayer de Zapatero. En mi cabeza sonó como cuando estás escuchando un vinilo en el tocadiscos y la aguja se lleva un golpe brusco que raya el disco, y salta sin volver a cazar un surco. Solo por ese detalle me resulta imposible afirmar que Zapatero ganó el debate. Me da igual que barriese en cuanto a las propuestas. Con ese comentario descendió al fango de lo indigno y echó por la borda todo lo que había podido obtener en su favor.

¿Sacó provecho Rajoy en el cómputo general? No para mí, por su propia torpeza. Y no lo hizo por tres grandes razones. Una, porque salvo en un caso, no habló de propuesta alguna de futuro. Su discurso no fue sino la confirmación de lo dicho por Elorriaga al Financial Times. Dos, entró al trapo con el tema de Irak y salió trasquilado. Parece mentira que crea que puede salir airoso en ese tema. Tuvo la desfachatez de decir que la guerra de Irak contó con el respaldo de la ONU y trató en vano de hacer ver que Zapatero apoyó la invasión armada de ese país. La ciudadanía sabe perfectamente cuál fue la postura de Zapatero con respecto a Irak, y la alusión al voto español a cierta Resolución de la ONU no hizo sino mostrarle más desesperado y ridículo aún. El tema de Irak lo tiene perdido de antemano y entrar en él a estas alturas intentando que la gente se replanteee unas conclusiones que hace tiempo sacó bien en claro, no hace más que dejarle en un mayor ridículo. Y tres, decir a estas alturas que las elecciones de 2004 las ganó el PSOE por Irak y por el11-M es decirle a la cara a la gente que te está viendo, y que votó al PSOE (es decir, a aquellos a los que supuestamente te quieres ganar), que son tontos y su voto fue manipulado.

Y luego está el temita de la famosa primera pregunta (12/05/04) que Rajoy formuló a Zapatero tras ser éste nombrado Presidente: Señor Rodríguez Zapatero, ¿cómo valora Ud. los primeros días de su Gobierno? En una inútil batalla para ganar credibilidad (o más bien, para quitársela al adversario), lo cierto es que ambos dedicaron unas cuatro intervenciones a una cuestión que me importa un rábano (como a casi todo el mundo, imagino). Fue bochornoso que en medio de argumentaciones sobre materias que no tenían nada que ver, de pronto volviesen ambos a ese tema. E igualmente lamentable me pareció que Zapatero dedicase, en la última intervención en el bloque de economía (1 minuto para conclusiones), casi 40 segundos a la pregunta de marras. Si tienes al líder de la oposición diciéndote hasta la saciedad lo poco que te importa la economía de los españoles, ¿por qué narices dedicas casi todas tus conclusiones en ese bloque a hablar de una imbecilidad tan grande?

Si mis sensaciones con el debate fueron esas, ¿cómo puedo explicarme entonces que las encuestas den como claro ganador a Zapatero? Debí sacar conclusiones erróneas probablemente. Pero también hay un factor muy curioso en cuanto a la percepción de la gente con respecto a este tipo de debates. Dicen los entendidos que en los debates para la Presidencia suele ganar quien dé mayor senación de “presidencialidad”. No sé si lo voy a poder explicar. Quien dé una imagen de aspirante (siendo como son los dos candidatos de cara al debate) tiene muy pocas papeletas para ganar de cara a la opinión pública. Y eso es lo que ha hecho Rajoy en los dos debates. Se ha limitado a atacar, a hacer oposición al Presidente, sin explicar ni una sola propuesta, esto es, en ningún momento el espectador ha podido identificar al Rajoy del debate con un Rajoy presidente. Es algo parecido a lo que ocurrió (según dicen) entre Sarkozy y Ségolène. Ésta atacó, atacó y atacó. Sarko se defendió desde la calma y la seguridad en sí mismo. Ségolène siempre dio una imagen de oposición, y Sarkozy ejerció de Presidente. Eso significa (como muy bien ha dicho Juan Cruz) que para que Rajoy pudiera haber ganado un debate, debería haber hecho el triple de méritos que Zapatero, y además enfocarlo de otra forma. Y, como mucho, ha hecho lo mismo, o un poco más en determinados momentos. Nunca lo suficiente como para dejar de parecer lo que es: el líder de la oposición. Un simple aspirante, y ni un solo ápice de “presidencialidad”.

Y eso, aunque la niña esté en su cabeza permanentemente.





La niña del futuro

26 02 2008

Voy a ser original: hablemos del debate de anoche. Como debate entre los dos candidatos principales a la Presidencia del Gobierno de un país, el de ayer merecería poco más que un par de comentarios. Fue desilusionante contemplar cómo en hora y media no se oyó una sola propuesta programática. Ni una sola idea concreta de proyecto. Ni una medida específica. Fue un solar.

Como debate entre dos candidatos en un país en el que hacía 15 años que no se celebraba uno, da para algo más. Eran tantas las ganas de que se celebrase que ya han corrido ríos de tinta y ondas herzianas. Y lo que te rondaré morena. Si tengo que quedarme con una primera impresión general, probablemente en conjunto Zapatero salió airoso de la contienda, pero por los pelos. Durante casi la primera mitad del debate, sinceramente vi mejor a Rajoy. La razón claramente la encuentro en el formato. En este primer debate Rajoy abrió todos y cada uno de los bloques temáticos, lo que le permitió llevar la iniciativa y centrar los monólogos en el terreno que más le interesaba. Probablemente el lunes que viene cambien las tornas. Ello no obstante, en la primera intervención de cada uno, previa al fuego cruzado y mirando a cámara, Rajoy dejó bastante que desear. No da bien cuando habla directamenente a la cámara y sus ojos no pararon de desviarse del objetivo, dando la impresión de buscar más allá del piloto rojo un no se sabe qué.

En el apartado económico se pudo ver claramente que ninguno de los dos candidatos domina la materia. Rajoy estuvo más certero utilizando los datos microeconómicos, y su comienzo con la batería de datos relativos a los precios de productos básicos llegó más, y obligó a Zapatero a intentar contrarrestarlos con datos macro, más abstractos para los ciudadanos. Se vio a un Presidente incómodo, al que le costó entrar en calor, y Rajoy tenía muy fácil las réplicas, echando en cara al Presidente que se refugiase en los datos macroeconómicos frente a los problemas económicos más cercanos a la ciudadanía. Sin embargo, Zapatero dio alguna muestra de recuperación cuando sacó a relucir la permisividad del Gobierno del PP para con el redondeo al alza a la entrada del euro.

En el siguiente bloque, dedicado a la inmigración política social, esperaba bastante más de Zapatero. En su ámbito estrella de la legislatura le vi poco fino, quizás lastrado por el hecho de que Rajoy abría cada una de sus intervenciones con el tema de la inmigración. El Presidente trató de contraatacar con la batería de medidas legales aprobadas durante su gestión en materia de dependencia, matrimonios entre homosexuales o igualdad pero lo hizo sin la contundencia que esperaba. Eso sí, en el tema de las regularizaciones realizadas por el PP (con bonobús) dio la sensación de que nuevamente se zafaba y no salía especialmente dañado. Rajoy únicamente salió del discurso de la inmigración para hacer referencia a los datos del informe PISA, y eché en falta mayor referencia por parte de ambos a la sanidad (la obviaron escandalosamente), que se supone debe ser uno de los pilares de toda política social de un Gobierno.

En ese momento hacía ganador a Rajoy a los puntos. Había golpeado fuerte en el aspecto económico y había llevado la cuestión social al terreno de la inmigración, impidiendo que el discurso de ZP quedase tan lucido como debiera. Y tocaba como siguiente bloque temático el de la seguridad (léase terrorismo), en el que suponía a un Rajoy incisivo y locuaz. Así empezó. Tuvo uno de sus momentos más brillantes cuando le espetó al Presidente con qué Zapatero debían quedarse los ciudadanos, si con el que hace tres años decía que el PCTV era legal, o con el que ahora dice que no; con el ZP que decía hace un año que ANV era legal o con el que ahora dice que no; con el ZP que dijo tras el atentado de la T4 que no iba a volver a hablar con Batasuna, o con el que reconoció en El Mundo que sí lo había hecho. Sin embargo, llegó el momento en que Rajoy hizo alusión a que cuando el PP salió del Gobierno ETA estaba prácticamente derrotada, y Zapatero recogió ese guante para dar una primera estocada: si ETA estaba tan derrotada, ¿cómo se explica que el Gobierno del PP culpase a ETA del mayor atentado terrorista de la historia de Europa? El golpe pilló a Rajoy a contrapie, y no levantó el vuelo. A partir de ahí su discurso devino agresivo y hasta nervioso.

Siguió transcurriendo el debate y ambos fueron liberándose del corsé. Rajoy estuvo muy fino recitando el Pacto del Tinell (lo tenía fácil en ese punto), y Zapatero mostró una gran contundencia dejando en evidencia a Rajoy en relación con el trasvase del Ebro. Diría que ahí se lo comió con patatas. El nerviosismo de Rajoy fue en aumento, y más que creció cuando ZP, frente al ataque de aquel en política exterior, replicó con firmeza utilizando la defensa de Aznar que hizo en la Cumbre de Santiago de Chile frente a los exabruptos de Hugo Chávez.

Y en éstas estábamos cuando Rajoy cometió su gran error en el debate (no contrarrestado de forma muy certera por el Presidente, todo sea dicho, si bien es posible que optase por que las propias palabras de Rajoy fueran más que suficientes para dejarlo en evidencia): la supuesta agresión de Zapatero a las víctimas del terrorismo. Cuando ZP le acorraló (brillantemente por cierto) con la idea de que no podría ser Presidente del Gobierno quien había despreciado a cierto sector de la cultura (llamó “untados” a los artistas que apoyaron abiertamente a Zapatero), Rajoy solo supo reaccionar con la monserga del ataque a las víctimas por parte del Gobierno. Ahí el Rajoy moderado se cayó con todo el equipo, dando paso al argumento estrella del sector más reaccionario del su partido. Si buscaba captar voto de centro, desde luego pudo perder un buen puñado de adeptos, a costa de ganar algunas palmaditas en la espalda de los fieles acólitos de la AVT tras el debate.

Y llegó el momento de las conclusiones. Es curioso cómo el Rajoy directo y seguro puede dar paso a otro de gesto forzado y perdido en cuanto mira directamente a cámara. Cuando no tiene un interlocutor físicamente definido delante, se pierde de forma escandalosa. El discursito de la niña del futuro me sonó lamentable. Más bien parecía una redacción escolar que el producto del trabajo de sesudos analistas. La referencia a una niña que habría de nacer en una familia de padres con trabajo, que habría de convertirse en una mujer madura y responsable, orgullosa de ser española fue alucinante. Rajoy transmutó en una especie de Gloria Fuertes que hubiera perdido la rima, y en dicha metamorfosis perdió también una oportunidad única de esbozar, al menos, las líneas generales de su proyecto político para los próximos cuatro años. Frente a ello, Zapatero sí supo seducir a la cámara, de la que no desvió la mirada más que en una ocasión, y se mostró infinitamente más seguro y claro.

Si de algo pecó el Presidente fue de aludir de forma bastante reiterada al pasado, si bien no deja de ser cierto que me hace gracia que Rajoy se llevase tanto las manos a la cabeza ante dichas alusiones, cuando precisamente formó parte de todos aquellos Gobiernos del PP, como Ministro y Vicepresidente. Si Rajoy fuese una cara nueva del partido, ese recurso de Zapatero se habría vuelto en su contra de forma contundente y probablemente irreparable. Siendo como es Rajoy parte de aquel pasado (por más que lo niegue), esas referencias a los Gobiernos del PP, si bien fueron excesivas cuantitativamente, no son ni mucho menos gratuitas.

El lunes que viene más, y esta vez con Zapatero llevando la inciativa al abrir los bloques temáticos. Supongo una mayor agresividad por parte del Presidente, y habrá que ver qué tal se maneja Rajoy en sus intervenciones cuando éstas sean contracorriente. Espero sinceramente que ambos candidatos hayan tomado buena nota de su principal error en el debate de ayer, y asistamos a una verdadera puesta de manifiesto de propuestas de aplicación futura, y no solo se hable de las niñas del futuro.





Más Forges

23 01 2008

Esta semana voy hasta arriba de curro. Tengo un par de entradas pendienetes de escribir fuera del contexto político de los últimos posts. Hasta que tenga tiempo para redactarlas y subirlas, más de lo mismo, que me parto.

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A vueltas con la situación interna del PP, y con palito justificadísimo al Gobierno incluido, os recomiendo el muy interesante artículo de opinión de Josep Ramoneda, titulado “El Rehén”, en el suplemento “Domingo” de El País, de este finde pasado.





Caretas fuera

16 01 2008

Maldita sea la hora en que tanta noticia de interés se acumula en unos días en los que el curro me come. Me encantaría poder dedicar algo más de tiempo a escribir sobre la más que confirmada involución aznarista del PP en las últimas horas (¿alguna vez dejó de ser aznarista este PP en los últimos 4 años?). Solo tengo tiempo para unas notas sobre el triunfo del lado más oscuro del PP:

1) Aguirre no solo ha derrotado y humillado a Gallardón sino que también ha dejado en evidencia a Rajoy.

Fragmentos del artículo Paisaje después de la batalla, de Ernesto Ekaizer:

“Mariano Rajoy, ¿quería o no incluir en la lista de Madrid a Alberto Ruiz-Gallardón? Todos los indicios, los comentarios en privado de gente informada de fuera y dentro del PP, apuntan a que Rajoy sí quería llevar a Ruiz-Gallardón en la lista. El líder del PP, aún sin saber qué caudal de votos podía aportarle el alcalde de Madrid en las elecciones del 9-M, estimaba que era buena su presencia en la lista (…)

La fórmula final para lograr vencer la resistencia de Esperanza Aguirre, según los rajoyólogos, era la de desactivar la historia del número dos en la lista de Madrid. Ruiz-Gallardón nunca exigió ir de número dos. Quería estar presente, nada más ni nada menos. El pase mágico de colocar a Manuel Pizarro como número dos permitía resolver el punto más difícil, y avanzar hacia la incorporación de Ruiz-Gallardón mitigando el efecto de la operación. Ya no sería, al menos formalmente, el gran protagonista de la lista del PP.

El error estratégico de Mariano Rajoy fue éste: creer que apurando los plazos, esto es, llevando la decisión hacia el umbral de la precampaña electoral podría sacar adelante su idea de contar con Ruiz-Gallardón. Cuando consiguió el sí, hace muy pocas fechas, de Pizarro, Rajoy parecía tenerlas todas consigo. Pero se equivocó. Porque Esperanza Aguirre estaba dispuesta a materializar sus amenazas. (…)

Rajoy siempre ha tratado los enfrentamientos internos y la batalla por su propia sucesión como si fuera una historia infantil, cosa de niños que se pelean. Y en esa línea, a la que cabe unir su pereza mental para dar un puñetazo sobre la mesa, fue posponiendo la solución hasta el límite porque creía que iba a haber final feliz. Porque conseguiría a través de una fórmula inesperada hacer que los personajes en disputa entraran en razón. Rajoy creía que a siete semanas y media de las elecciones generales estos dirigentes iban a comportarse como se esperaba de ellos y cerrarían filas a favor de la victoria final.

Lo que Rajoy no ha podido evitar es que triunfen las tendencias más ancestrales de los seres humanos: la ambición de poder, la ambición pura y dura. (…)

Esperanza Aguirre puede, como el rey de Epiro, haber obtenido una victoria pírrica potencial sobre Ruiz-Gallardón. ¿Por qué? Porque si fuese verdad que PSOE-PP están en una situación de empate técnico -si fuese verdad, en condicional- aquellos votos que pudiera aportar la presencia de Ruiz-Gallardón en la lista del PP por Madrid y que teóricamente pudiesen perderse serían decisivos para Rajoy. La responsabilidad de Esperanza, pues, sería fatal.”

Muy interesante también el Editorial de El País, Rajoy se acobarda.

2) Manuel Pizarro, amigo de Aznar, mal gestor y buen político (supuestamente).

Con la designación de Manuel Pizarro como número 2 por Madrid, además de situar inmejorablemente a un amiguete de Aznar en el Partido, parece defenestrar también el perfil de Juan Costa (acompañó a Rato como Consejero en el FMI), más moderado y designado por Rajoy como coordinador del programa electoral del PP. ¿Cómo se come semejante palo a quien ha coordinado el programa electoral del PP, antes incluso de que se celebren las elecciones?

Anoche escuché en no sé qué programa a alguien decir de Manuel Pizarro que como empresario o gestor deja bastante que desear, pues el valor de Endesa ha estado durante su Presidencia muy por debajo del de otras empresas del sector eléctrico, y que únicamente se revalorizó como consecuencia de la famosa OPA, es decir, la revalorización se produjo en el marco de unas circunstancias más políticas que de propia gestión empresarial. No tengo contrastado el dato pero si es así, no deja de ser interesante de cara a su supuesto enfrentamiento con Solbes. Oportunista político sí, buen empresario, ya menos.

3) Zaplana ha tenido que ser rescatado por Rajoy en las listas por Madrid pues su archienemigo, Camps, le tenía vetado en su propia tierra. Pues eso, más núcleo duro al poder.

4) Ana Botella, una que pasaba por ahí. Si se produce la dimisión de Gallardón como Alcalde de Madrid tras el 9-M, legalmente su sustituta habría de ser Ana Botella. Tiemblo solo de pensarlo. A ver cómo se torea eso en la capital.

5) Aznarismo por doquier. Caretas fuera, se han retratado. Cuando el poder ha vuelto a estar en juego, el que nunca se llegó a ir ha vuelto a dejar claro quién manda en el partido: Él, Acebes, Zaplana, Aguirre, Martínez Pujalte… Gran imagen de renovación centrista la que acaba de ofrecer el PP a sus votantes más moderados.

Curiosamente, la sombra del mismo Aznar que colocó a Rajoy en lo más alto señalándolo con el dedo hace no mucho tiempo, probablemente acabe de firmar su finiquito político de cara a las elecciones de marzo. Por una vez, puede que la abstención (en este caso de aquellos votantes más moderados del PP) vaya a perjudicar precisamente al partido que históricamente se ha beneficiado de ella.

Y si no, un dato recientísimo en forma de tres encuestas en los tres principales diarios de este país, en sus ediciones digitales (con todas las salvedades que se pueden hacer a ese tipo de encuestas no científicas): ¿Cree Ud. que Rajoy ha hecho bien excluyendo a Gallardón de las listas?

El País: 16% Sí – 84% No

Siendo El País, diríamos que es un resultado más que normal. Sigamos.

ABC: 21,61% Sí – 78,38% No

Empieza lo bueno. Cabe pensar que mucho votante moderado del PP es lector de ABC. Y cabe pensar igualmente que la decisión de Rajoy, unida al resto de signos del endurecimiento descarado del PP, puede dejar a unos cuantos en casa el 9 de marzo. Y por último,

El Mundo: 27% Sí – 73% No

¡¿Cómo?! ¿En El Mundo? ¿El mismo diario que ha vilipendiado a Gallardón hasta decir basta? Curiosos los resultados, cuando menos…





Doble rasero

12 01 2008

A vueltas con la metáfora del depósito de la economía lleno cuando en 2004 se echó al PP del poder, y la falta de respostaje por parte del Gobierno del PSOE, lanzada por Pío García Escudero en la SER anteayer, me encantó el mandoble dialéctico de Solbes el otro día en el Congreso:

“Paradójicamente, el 3% de crecimiento, que hace cuatro años era parte fundamental de una herencia económica inmejorable, hoy es motivo de alarma y de interpretaciones catastrofistas”.

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