La culpa es de Supertramp

16 06 2008

Hace tiempo que tengo ganas de subir alguna entrada para que nos explayemos (el que quiera, que se apunte) con ciertos temas de actualidad (situación económica, “huelga”, situación precongresual del PP…). La falta de tiempo me ha impedido escribir entradas en condiciones. Sin embargo, una viñeta y un artículo de opinión me van a servir para decir lo que no tengo tiempo para escribir aquí sobre la alarmante situación econoómica, y de paso abrir la veda a los comentarios.

El artículo del que os hablo se publicó ayer en El País. Es de Santos Juliá, se titula “Una crisis es una crisis, es una crisis”, y lo suscribo palabra por palabra. Copio el principio y os remito a él para leerlo íntegramente:

“En el tiempo que llevamos de legislatura no ha dejado el Gobierno de recibir bofetones, y hasta algún que otro testarazo, no de la oposición -ensimismada en su crisis de identidad-, sino de los hechos, de la realidad misma de la vida, que en ocasiones se rebela y se descontrola. Fue, primero, el caso de las sentencias sin ejecutar, que no eran cientos, ni miles, sino cientos de miles; seguimos por la pertinaz sequía que iba a dejar sin agua a todas las comarcas catalanas, incluida su capital; vinieron después los policías corruptos, capaces de aterrorizar a un municipio durante más de veinte años sin que sus sucesivos alcaldes se enterasen; perduró el escándalo de la prolongación sine die y en fase terminal del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional; en fin, y por no hacer la lista interminable, en aquel país de jauja en que ataban los perros con longaniza aparecieron unos grandes boquetes por los que se ha esfumado el superávit del que hasta ayer mismo el Gobierno se pavoneaba: no había otra potencia en el mundo tan preparada como España para hacer frente a lo que pudiera venir.

Como evidentemente ni siquiera habíamos previsto la magnitud de la crisis de todo orden, no sólo económica, que habremos de atravesar, y como este Gobierno que tenemos sólo a regañadientes parece dispuesto a dejar de cantar su letra preferida, aquella que dice: tout va très bien, madame la Marquise, no vaya a ser que se extienda el pesimismo, los ministros han decidido nombrar cualquier cosa que turbe la visión del idílico horizonte con vocablos imaginativos por ver si de esta manera transforman su naturaleza. Y así, al descomunal colapso de la justicia se llamó retraso; a las obras previstas para un trasvase de agua se llamó conducción; a la mafia policial se llamó caso aislado. Y lo que es más grande, y colmo de imaginación: al círculo vicioso formado por el aumento del paro y el hundimiento de la construcción, la subida de la inflación y la bajada del consumo, la escalada del Euríbor y la escasez de dinero, se ha llamado desaceleración acelerada.

Por más que el presidente se empeñe en no llamar a las cosas por su nombre, todo el mundo está ya al cabo de la calle acerca de lo que pasa por ser su inveterado optimismo y no es más que un ardid de mercadotecnia política. Lo grave es que también el ministro de Economía y Hacienda se deje llevar de esta moda posmoderna que consiste en creer que los hechos no existen, que sólo existen las representaciones y que, según cual sea la representación, así será el hecho. (…)”

Leer el resto del artículo.

Gráficamente la situación podría sintetizarse tan acertadamente como han hecho Ricardo y Nacho en El Mundo, en la viñeta que he visto en el blog de Pumarino.

Lo dicho, la culpa por lo visto es de Supertramp, que ya dijo hace décadas aquello de “Crisis? What crisis?” Como comentaba uno, no existe una definición técnica de crisis económicamente hablando. La hay de estanflación, recesión, etc., etc. La crisis económica es una cuestión psicológica, un estado de ánimo, y en nuestro caso hace tiempo que ha calado en la ciudadanía.

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4 años más

9 03 2008
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Soy inmensamente feliz.




El segundo debate (y las percepciones)

4 03 2008

Hoy no voy a a intentar desgranar el debate tanto como hice (o lo intenté) la semana pasada. Primero, porque sinceramente no me apetece mucho. Y segundo, porque hay otras cosas que me han llamado más la atención que el propio contenido del mismo. La impresión que fui teniendo a medida que se desarrollaba el debate ha resultado bastante diferente a lo que me he encontrado hoy en los medios de comunicación y las encuestas. Sinceramente, a mí no me dio la impresión de que Zapatero ganase de calle, ni tampoco con claridad. Más bien me pareció que la cosa acabó ligeramente decantada en favor del Presidente, con momentos en que Rajoy le puso totalmente contra las cuerdas.

Si nos atenemos a lo que se esperaba del debate (mayor contenido en propuestas que el del lunes pasado), ahí sí que vi a un Zapatero mucho más preparado que a Rajoy. En este punto le dio sopas con ondas en todos los bloques temáticos. Si, por contra, nos quedamos en la cuestión formal, mi impresión es que Rajoy le ganó la mano a Zapatero. ¿Por qué? Sencillo. A Zapatero le tocaba esta vez abrir todas las intervenciones temáticas y por esa razón debería haber llevado la iniciativa. Y no fue así. Salvo una primera intervención en que manifestó que en el debate anterior había dado cuentas de su gestión, y en el de anoche iba a hablar de propuestas, la verdad es que en cuanto Rajoy pudo llevó el encuentro a su terreno. Y le bastó bien poco. Un par de intervenciones y vuelta al pasado, a los últimos 4 años, a la inmigración, a ETA y a lo de siempre. Zapatero puso encima de la mesa propuestas sí, pero de forma un tanto caótica, no porque llevase el peso del debate. El candidado el PSOE respondía a las acusaciones de Rajoy, y de paso hablaba de propuestas, no al revés.

En líneas generales me dio la impresión de que Rajoy hizo mejor los deberes tras el anterior debate que Zapatero. Hubo más golpes de efecto, y me pareció que Rajoy los tenía mejor preparados. Ejemplos: sabía que Zapatero le iba a echar en cara las declaraciones de Elorriaga en el Financial Times, y le soltó un sopapo bien gordo leyendo el editorial del día de ese diario sobre la situación económica del país. Anduvo muy fino y rápido también cuando, tras afirmar el Presidente que iba a crear un observatorio en relación con los precios, le recordó inmediatamente que ya existe uno en el Ministerio de Agricultura. Fueron dos mandobles de envergadura.

Por su parte, Zapatero golpeó bien utilizando los datos del Informe de la ONU sobre desarrollo, en relación con la posición que ocupaba España tras los Gobiernos de González, la que ocupó tras los de Aznar, y en la que se encuentra ahora. Como efecto, probablemente con esa sola mención igualó los dos antedichos argumentos de Rajoy.

¿Por qué digo entonces que no me pareció que Zapatero brillase tanto? Sencillo también: cometió el colosal (e imperdonable) error de utilizar el número de asesinados por ETA durante los Gobiernos de Aznar cuando se vio algo acorralado por su oponente. Si utilizar el terrorismo con fines partidistas es algo que siempre he destestado del PP, con la misma razón lo detesté ayer de Zapatero. En mi cabeza sonó como cuando estás escuchando un vinilo en el tocadiscos y la aguja se lleva un golpe brusco que raya el disco, y salta sin volver a cazar un surco. Solo por ese detalle me resulta imposible afirmar que Zapatero ganó el debate. Me da igual que barriese en cuanto a las propuestas. Con ese comentario descendió al fango de lo indigno y echó por la borda todo lo que había podido obtener en su favor.

¿Sacó provecho Rajoy en el cómputo general? No para mí, por su propia torpeza. Y no lo hizo por tres grandes razones. Una, porque salvo en un caso, no habló de propuesta alguna de futuro. Su discurso no fue sino la confirmación de lo dicho por Elorriaga al Financial Times. Dos, entró al trapo con el tema de Irak y salió trasquilado. Parece mentira que crea que puede salir airoso en ese tema. Tuvo la desfachatez de decir que la guerra de Irak contó con el respaldo de la ONU y trató en vano de hacer ver que Zapatero apoyó la invasión armada de ese país. La ciudadanía sabe perfectamente cuál fue la postura de Zapatero con respecto a Irak, y la alusión al voto español a cierta Resolución de la ONU no hizo sino mostrarle más desesperado y ridículo aún. El tema de Irak lo tiene perdido de antemano y entrar en él a estas alturas intentando que la gente se replanteee unas conclusiones que hace tiempo sacó bien en claro, no hace más que dejarle en un mayor ridículo. Y tres, decir a estas alturas que las elecciones de 2004 las ganó el PSOE por Irak y por el11-M es decirle a la cara a la gente que te está viendo, y que votó al PSOE (es decir, a aquellos a los que supuestamente te quieres ganar), que son tontos y su voto fue manipulado.

Y luego está el temita de la famosa primera pregunta (12/05/04) que Rajoy formuló a Zapatero tras ser éste nombrado Presidente: Señor Rodríguez Zapatero, ¿cómo valora Ud. los primeros días de su Gobierno? En una inútil batalla para ganar credibilidad (o más bien, para quitársela al adversario), lo cierto es que ambos dedicaron unas cuatro intervenciones a una cuestión que me importa un rábano (como a casi todo el mundo, imagino). Fue bochornoso que en medio de argumentaciones sobre materias que no tenían nada que ver, de pronto volviesen ambos a ese tema. E igualmente lamentable me pareció que Zapatero dedicase, en la última intervención en el bloque de economía (1 minuto para conclusiones), casi 40 segundos a la pregunta de marras. Si tienes al líder de la oposición diciéndote hasta la saciedad lo poco que te importa la economía de los españoles, ¿por qué narices dedicas casi todas tus conclusiones en ese bloque a hablar de una imbecilidad tan grande?

Si mis sensaciones con el debate fueron esas, ¿cómo puedo explicarme entonces que las encuestas den como claro ganador a Zapatero? Debí sacar conclusiones erróneas probablemente. Pero también hay un factor muy curioso en cuanto a la percepción de la gente con respecto a este tipo de debates. Dicen los entendidos que en los debates para la Presidencia suele ganar quien dé mayor senación de “presidencialidad”. No sé si lo voy a poder explicar. Quien dé una imagen de aspirante (siendo como son los dos candidatos de cara al debate) tiene muy pocas papeletas para ganar de cara a la opinión pública. Y eso es lo que ha hecho Rajoy en los dos debates. Se ha limitado a atacar, a hacer oposición al Presidente, sin explicar ni una sola propuesta, esto es, en ningún momento el espectador ha podido identificar al Rajoy del debate con un Rajoy presidente. Es algo parecido a lo que ocurrió (según dicen) entre Sarkozy y Ségolène. Ésta atacó, atacó y atacó. Sarko se defendió desde la calma y la seguridad en sí mismo. Ségolène siempre dio una imagen de oposición, y Sarkozy ejerció de Presidente. Eso significa (como muy bien ha dicho Juan Cruz) que para que Rajoy pudiera haber ganado un debate, debería haber hecho el triple de méritos que Zapatero, y además enfocarlo de otra forma. Y, como mucho, ha hecho lo mismo, o un poco más en determinados momentos. Nunca lo suficiente como para dejar de parecer lo que es: el líder de la oposición. Un simple aspirante, y ni un solo ápice de “presidencialidad”.

Y eso, aunque la niña esté en su cabeza permanentemente.





La niña del futuro

26 02 2008

Voy a ser original: hablemos del debate de anoche. Como debate entre los dos candidatos principales a la Presidencia del Gobierno de un país, el de ayer merecería poco más que un par de comentarios. Fue desilusionante contemplar cómo en hora y media no se oyó una sola propuesta programática. Ni una sola idea concreta de proyecto. Ni una medida específica. Fue un solar.

Como debate entre dos candidatos en un país en el que hacía 15 años que no se celebraba uno, da para algo más. Eran tantas las ganas de que se celebrase que ya han corrido ríos de tinta y ondas herzianas. Y lo que te rondaré morena. Si tengo que quedarme con una primera impresión general, probablemente en conjunto Zapatero salió airoso de la contienda, pero por los pelos. Durante casi la primera mitad del debate, sinceramente vi mejor a Rajoy. La razón claramente la encuentro en el formato. En este primer debate Rajoy abrió todos y cada uno de los bloques temáticos, lo que le permitió llevar la iniciativa y centrar los monólogos en el terreno que más le interesaba. Probablemente el lunes que viene cambien las tornas. Ello no obstante, en la primera intervención de cada uno, previa al fuego cruzado y mirando a cámara, Rajoy dejó bastante que desear. No da bien cuando habla directamenente a la cámara y sus ojos no pararon de desviarse del objetivo, dando la impresión de buscar más allá del piloto rojo un no se sabe qué.

En el apartado económico se pudo ver claramente que ninguno de los dos candidatos domina la materia. Rajoy estuvo más certero utilizando los datos microeconómicos, y su comienzo con la batería de datos relativos a los precios de productos básicos llegó más, y obligó a Zapatero a intentar contrarrestarlos con datos macro, más abstractos para los ciudadanos. Se vio a un Presidente incómodo, al que le costó entrar en calor, y Rajoy tenía muy fácil las réplicas, echando en cara al Presidente que se refugiase en los datos macroeconómicos frente a los problemas económicos más cercanos a la ciudadanía. Sin embargo, Zapatero dio alguna muestra de recuperación cuando sacó a relucir la permisividad del Gobierno del PP para con el redondeo al alza a la entrada del euro.

En el siguiente bloque, dedicado a la inmigración política social, esperaba bastante más de Zapatero. En su ámbito estrella de la legislatura le vi poco fino, quizás lastrado por el hecho de que Rajoy abría cada una de sus intervenciones con el tema de la inmigración. El Presidente trató de contraatacar con la batería de medidas legales aprobadas durante su gestión en materia de dependencia, matrimonios entre homosexuales o igualdad pero lo hizo sin la contundencia que esperaba. Eso sí, en el tema de las regularizaciones realizadas por el PP (con bonobús) dio la sensación de que nuevamente se zafaba y no salía especialmente dañado. Rajoy únicamente salió del discurso de la inmigración para hacer referencia a los datos del informe PISA, y eché en falta mayor referencia por parte de ambos a la sanidad (la obviaron escandalosamente), que se supone debe ser uno de los pilares de toda política social de un Gobierno.

En ese momento hacía ganador a Rajoy a los puntos. Había golpeado fuerte en el aspecto económico y había llevado la cuestión social al terreno de la inmigración, impidiendo que el discurso de ZP quedase tan lucido como debiera. Y tocaba como siguiente bloque temático el de la seguridad (léase terrorismo), en el que suponía a un Rajoy incisivo y locuaz. Así empezó. Tuvo uno de sus momentos más brillantes cuando le espetó al Presidente con qué Zapatero debían quedarse los ciudadanos, si con el que hace tres años decía que el PCTV era legal, o con el que ahora dice que no; con el ZP que decía hace un año que ANV era legal o con el que ahora dice que no; con el ZP que dijo tras el atentado de la T4 que no iba a volver a hablar con Batasuna, o con el que reconoció en El Mundo que sí lo había hecho. Sin embargo, llegó el momento en que Rajoy hizo alusión a que cuando el PP salió del Gobierno ETA estaba prácticamente derrotada, y Zapatero recogió ese guante para dar una primera estocada: si ETA estaba tan derrotada, ¿cómo se explica que el Gobierno del PP culpase a ETA del mayor atentado terrorista de la historia de Europa? El golpe pilló a Rajoy a contrapie, y no levantó el vuelo. A partir de ahí su discurso devino agresivo y hasta nervioso.

Siguió transcurriendo el debate y ambos fueron liberándose del corsé. Rajoy estuvo muy fino recitando el Pacto del Tinell (lo tenía fácil en ese punto), y Zapatero mostró una gran contundencia dejando en evidencia a Rajoy en relación con el trasvase del Ebro. Diría que ahí se lo comió con patatas. El nerviosismo de Rajoy fue en aumento, y más que creció cuando ZP, frente al ataque de aquel en política exterior, replicó con firmeza utilizando la defensa de Aznar que hizo en la Cumbre de Santiago de Chile frente a los exabruptos de Hugo Chávez.

Y en éstas estábamos cuando Rajoy cometió su gran error en el debate (no contrarrestado de forma muy certera por el Presidente, todo sea dicho, si bien es posible que optase por que las propias palabras de Rajoy fueran más que suficientes para dejarlo en evidencia): la supuesta agresión de Zapatero a las víctimas del terrorismo. Cuando ZP le acorraló (brillantemente por cierto) con la idea de que no podría ser Presidente del Gobierno quien había despreciado a cierto sector de la cultura (llamó “untados” a los artistas que apoyaron abiertamente a Zapatero), Rajoy solo supo reaccionar con la monserga del ataque a las víctimas por parte del Gobierno. Ahí el Rajoy moderado se cayó con todo el equipo, dando paso al argumento estrella del sector más reaccionario del su partido. Si buscaba captar voto de centro, desde luego pudo perder un buen puñado de adeptos, a costa de ganar algunas palmaditas en la espalda de los fieles acólitos de la AVT tras el debate.

Y llegó el momento de las conclusiones. Es curioso cómo el Rajoy directo y seguro puede dar paso a otro de gesto forzado y perdido en cuanto mira directamente a cámara. Cuando no tiene un interlocutor físicamente definido delante, se pierde de forma escandalosa. El discursito de la niña del futuro me sonó lamentable. Más bien parecía una redacción escolar que el producto del trabajo de sesudos analistas. La referencia a una niña que habría de nacer en una familia de padres con trabajo, que habría de convertirse en una mujer madura y responsable, orgullosa de ser española fue alucinante. Rajoy transmutó en una especie de Gloria Fuertes que hubiera perdido la rima, y en dicha metamorfosis perdió también una oportunidad única de esbozar, al menos, las líneas generales de su proyecto político para los próximos cuatro años. Frente a ello, Zapatero sí supo seducir a la cámara, de la que no desvió la mirada más que en una ocasión, y se mostró infinitamente más seguro y claro.

Si de algo pecó el Presidente fue de aludir de forma bastante reiterada al pasado, si bien no deja de ser cierto que me hace gracia que Rajoy se llevase tanto las manos a la cabeza ante dichas alusiones, cuando precisamente formó parte de todos aquellos Gobiernos del PP, como Ministro y Vicepresidente. Si Rajoy fuese una cara nueva del partido, ese recurso de Zapatero se habría vuelto en su contra de forma contundente y probablemente irreparable. Siendo como es Rajoy parte de aquel pasado (por más que lo niegue), esas referencias a los Gobiernos del PP, si bien fueron excesivas cuantitativamente, no son ni mucho menos gratuitas.

El lunes que viene más, y esta vez con Zapatero llevando la inciativa al abrir los bloques temáticos. Supongo una mayor agresividad por parte del Presidente, y habrá que ver qué tal se maneja Rajoy en sus intervenciones cuando éstas sean contracorriente. Espero sinceramente que ambos candidatos hayan tomado buena nota de su principal error en el debate de ayer, y asistamos a una verdadera puesta de manifiesto de propuestas de aplicación futura, y no solo se hable de las niñas del futuro.





Dos apuntes de bolsillo

4 12 2007

1) Estoy indignado con el anuncio zapateril de que, si gana las próximas elecciones, suprimirá el Impuesto sobre el Patrimonio (decisión a la que ya se ha sumado Rajoy, por supuesto).

 

Estoy hasta las narices de tanto anuncio electoralista de bajadas o supresiones de impuestos. Y estoy totalmente de acuerdo con lo que ha dicho Llamazares. Bajar o suprimir impuestos, en cuanto estrategia fiscal general, no es de izquierdas. Y mucho menos suprimir los impuestos que gravan a quienes más patrimonio tienen.

Y es que en este país, como en tantos otros, perdemos el culo cada vez que algún político nos dice que nos van a bajar los impuestos, sin parar a pensar dos consecuencias: O bien se reduce con ello el dinero destinado a gasto social. O bien lo recaudan a través de impuestos indirectos. Y en el caso de la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio, al desparecer los ingresos que se obtienen con lo que pagan quienes más tienen, si se quiere recaudar lo mismo, ya os digo yo que quienes lo vamos a pagar somos los demás, por otros medios.

Partiendo de la base de que es necesario mejorar la gestión de los servicios públicos, ¿qué queremos? ¿Pagar menos impuestos? Pues no nos quejemos de que los servicios públicos funcionan mal o son escasos, o de que no hay partidas presupuestarias para cubrir determinadas necesidades sociales.

¿Queremos más y mejores servicios públicos? Pues no pidamos tanto que nos bajen los impuestos, y exijamos que se empleen bien los recursos del Estado. Yo soy partidario, como idea general, de impuestos directos frente a indirectos, pues son mucho más “controlables” y por lo general bastante más justos, dado que pueden gravar en función de la renta o el patrimonio. Y como a cualquier hijo de vecino me gustaría que hubiese un equilibrio coherente entre mis ingresos y la presión fiscal que soporto. Pero si tengo que pagar más por tener mejores servicios públicos, que así sea. Y si lo pienso yo con respecto a mi más que normal situación económica, más aún lo pienso con respecto a los que más tienen, que son precisamente los que se ven gravados con el Impuesto sobre el Patrimonio.

Estoy seguro de que si se hiciera un encuesta, preguntando a los que a día de hoy tienen que pagar el Impuesto sobre el Patrimonio, si están de acuerdo con que se suprima dicho tributo, sin más, el 99’9% contestaría que sí, sin hacer la más mínima reserva. Y así nos va. A ver cuándo leches empezamos a pensar en lo que la sociedad realmente necesita. Zapatero ha metido la pata, y bien hasta el fondo.

Llamadme rarito, pero si a mí se me pregunta en una encuesta si quiero que se bajen los impuestos, mi respuesta no sería un simple “sí”, sino un “bueno, depende”.

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2) Me ha llamado la atención una cosa en el “Pulsómetro” de hoy de la SER. Encuestados sobre al incremento de los precios, el 72% cree que el Gobierno no está tomando las medidas que debería para frenar la subida.

A mí ésto me hace gracia, como el tema de los impuestos. Vale, bien, 3/4 partes de los encuestados creen que el Gobierno no hace lo suficiente para evitar la subida de precios. ¿Por qué no jugamos a darle la vuelta a la pregunta?

¿Qué queremos que haga/debería hacer el Gobierno para evitar, por ejemplo, que suba el pan o la leche? No es fácil de responder, ¿verdad? Estoy seguro de que si preguntamos si se quiere que el Gobierno intervenga en el mercado, ni de lejos un 72% de los encuestados diría que sí. ¿Qué tipo de Gobierno estatal queremos desde el punto de vista del mercado? ¿Queremos intervencionismo o no? Si queremos intervencionismo (al menos es lo que refleja el resultado el Pulsómetro), ¿hasta qué punto?

¿Y si se aprobase que el litro de leche, por poner un ejemplo, no podría costar nunca más de 0,60 €? ¿Y si limitamos el precio de la barra de pan por arriba en 0,40 €? ¿O el kilo de patatas, cebollas, tomates…? ¿O el litro de aceite? ¿Seguiría habiendo un 72% que estaría a favor de tales medidas? Pues no, porque ya le empezaríamos a tocar el bolsillo a quienes se enriquecen intermediando, y el abanico de los que estarían en contra crecería. Pero si tenemos que culpar a alguien en esta materia, lo primero que se nos ocurre es señalar al Gobierno (sea del color que sea), y en este caso la cuestión no es desde luego tan sencilla. Antes deberíamos aclarar qué sistema queremos. Se nos llena la boca hablando de libre mercado, y culpamos a los de siempre en cuanto ese libre mercado actúa como no nos gusta.

Yo sí estoy a favor de un intervencionismo (y duro) en determinados sectores, y fundamentalmente contra quienes se lucran a costa de agricultores y ganaderos de un lado, y de consumidores de otro. ¿Y ese 72% del Pulsómetro? ¿Qué quieren ellos hacer?





Dos apuntes televisivos

16 11 2007

1) “Camera Cafe” vs “Escenas de Matrimonio“.

Pública y notoria es la polémica levantada desde hace meses acerca de la decisión (lamentable) de Tele 5 de mantener a diario y en prime time la lamentable, soez, casposa y pestilente serie de “Escenas de Matrimonio“, a costa de desterrar a “Camera Cafe” (que tampoco me parece la leche, pero al menos es un producto fresco y agradable de ver) a una única emisión los domingos por la noche.

Tal es el movimiento que se ha generado en defensa de “Camera Cafe” que he descubierto que incluso existe una web (QCD, Queremos Café a Diario) que recoge “firmas” en favor de su vuelta al anterior horario, publicando un manifiesto y todo.

Solo hay una cosa en la que difiero del manifiesto: Yo sí tengo algo en contra de “Escenas de Matrimonio”. Apesta y destila caspa. Es la representación del tipo de programación que habría que desterrar de una vez de las parrillas. Y me importa un bledo que tenga tanta audiencia. Seguro que si programan a Pocholo en actitud coprófaga, con Leonardo Dantés bailando alrededor, se romperían los audímetros, y no por ello defendería su emisión.

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2) Acerca de la entrevista de anoche de Buenafuente a Zapatero.

No la vi, la verdad. Pero por lo que he leído aburrió hasta a las ovejas. Tono somnífero, ninguna coña y BF incapaz de reconducir el tema. Este hombre (ZP) debería hacerse mirar su capacidad de mantener la atención de sus oyentes porque tiene una tendencia al sopor bastante importante. Y me sorprende que, por lo que se dice, ni BF fuera capaz de animar el ambiente (imagino que estaría bien atado y bien atado).

La opinión del reubicado Javier Pérez de Albéniz es bastante concluyente al respecto. Por cierto, cada vez tengo menos dudas sobre que sea el auténtico JPdA. Su estilo es inconfundible. Y me alegro de su “retonno”.